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VOCES
Los depredadores: se comen a Latinoamérica
Los países latinoamericanos siguen
estancados en su proceso de desarrollo, aunque las cifras que
dan los organismos internacionales afirmen que la economía de la
región crece.
Se han gastado millones de
barriles de tinta en estudios para encontrar y analizar las
causas de este freno casi perpetuo que tienen puestos nuestras
naciones. Pero también se han dilapidado billones de dólares
para levantar estos malignos diagnósticos.
Las razones que se aducen
para explicar la situación son muy variadas, y entre ellas se cita
con frecuencia a la corrupción. Y no cabe dudas de que este término
es un gran responsable de la situación de marginalidad, de pobreza
extrema que viven millones de latinoamericanos. Y esto es así porque
nuestros gobiernos y partidos políticos se han convertido en
auténticos depredadores de las riquezas de nuestros pueblos. Desde
los gobiernos encabezados por dictaduras hasta los elegidos mediante
procesos democráticos, Latinoamérica ha sido víctima de un saqueo
sistemático de sus finanzas.
Uno de los casos más
reciente y que ilustra esta realidad es el caso de Brasil. Allí los
casos de corrupción, que involucran a figuras del gobierno y del
partido en el poder, se han venido destapando en cascada y la
población no termina de salir del asombro.
El caso de la nación
sudamericana ha sido tan aleccionador que obligaron al presidente
Lula Da Silva a ir a una segunda vuelta electoral, cuando un mes
antes de las elecciones le llevaba más de veinte puntos porcentuales
a su más cercano rival.
Pero no sólo Brasil ha sido
sacudido por los escándalos; ahora mismo se ha abierto un proceso en
Perú en contra del ex presidente Alejandro Toledo, al igual que a su
esposa y antigua primera dama. Se recuerda que en tiempos recientes
Costa Rica tenía encarcelados a tres ex presidentes; en Nicaragua
fue condenado Arnoldo Alemán, y en días recientes Estados Unidos
devolvió a un ex presidente Hondureño al que acusó de corrupto y
México y Venezuela han sido víctimas de grandes mafias partidarias
que se han enriquecido hasta el hartazgo.
Los depredadores
latinoamericanos han hecho sus desfalcos en connivencia con los
sectores empresariales, quienes han visto ensanchar sus fortunas a
costa de la miseria de sus conciudadanos. Asimismo, los militares
tampoco se han quedado atrás en el festín en que devenido la
corrupción en América Latina.
Y lo peor de todo es que, en
muchos casos, aunque se logre llevar ante los tribunales a muchos,
muy pocos terminan condenados porque la justicia también está
corrompida. La política y la protección recíproca entre corruptos,
de igual manera, ha permitido altos niveles de impunidad.
Los depredadores también son
responsables por millones y millones de latinoamericanos que se ven
obligados a ingresar a Estados Unidos de manera ilegal en busca de
oportunidades, y aquí sufren calamidades y todo tipo de
discriminación por parte de una sociedad que cada día se cierra más
a la inmigración.
La economía seguirá creciendo, la pobreza
también y los depredadores continuarán haciendo su trabajo, que es
chuparle la sangre a los más pobres de la regióne
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