LA COLUMNA DEL EDITOR

Dinero. Dinero, Dinero

Luis R. Santos
La Razón USA

Los seres humanos que ahora poblamos el planeta disfrutamos de las grandes ventajas que nos han deparado la ciencia, la tecnología y la investigación científica. Pero nada se nos regala. Todo tiene un precio y a veces demasiado alto.

Es así como desde niños empezamos a recibir una fuerte influencia de parte de nuestros padres, a los que vemos languidecer detrás del sustento diario, en esa lucha que para muchos se torna en una batalla angustiante.

Desde muy temprano estamos expuestos a un impiadoso bombardeo publicitario que va creando en nuestro subconsciente la necesidad de demandar productos.

Desde que las sociedades se organizaron alrededor de la producción de bienes hemos estado sometidos a una enorme presión; pero la sociedad actual es la que más pesado ha tenido que cargar, precisamente para poder solventar las necesidades que nos imponen, unas muy importantes, otras no tanto.

Hoy en día hay que producir para pagar la renta o préstamo hipotecario; para el pagaré del automóvil, para la energía eléctrica, el teléfono de la casa, el celular, para la Internet, la educación de los hijos, planes médicos, medicina, alimentos, seguros, diversión y para el futuro.

Actualmente son infinitas las posibilidades de productos y servicios de que disponemos; pero, cuando nos ponemos a analizar cuidadosamente la lista de productos que consumimos, llegamos a la conclusión de que no necesitamos un importante porcentaje de estos.

Hoy, el comando lo tiene el dinero, en sus diferentes vertientes y formas, y lo controla todo: política, poder, deporte, diversión, arte, amor o sexo; por ello, la sociedad contemporánea sufre de una epidemia causada por la necesidad de producir para consumir y acumular. Pero como no todos tenemos esa posibilidad, existe una franja importante que día a día libra una cruenta batalla por ganar dinero solo para sobrevivir.

Hoy la gente vive más confortable que antaño, pero tiene menos calidad de vida, vive más angustiada, se enferma más del estómago y los intestinos, sufre de alta presión sanguínea, de insomnio y vive sometida a una atroz presión que está convirtiendo a muchos hombres y mujeres en presidiarios de su afán productivo.

Por estas mismas circunstancias hoy somos menos cultos que otras generaciones, menos solidarios y más egoístas, más obesos y más tristes.

Pero no deberíamos preocu-parnos demasiado y entender que el dinero no lo compra todo, para eso existe Master Card.