¡Qué duro es ser famoso!

Michael Jackson, ex rey del pop
Dicen que la fama tiene un precio. Hoy más que nunca, es cierto. Los famosos pueden llegar a sufrir un peligroso desorden de la personalidad.
 

Pongamos, por ejemplo, a un joven rico y con una agenda social realmente apretada. Vive en una mansión de Beverly Hills en la que no falta nada. Un día normal para él consiste en despertarse, hacer unos largos en su piscina privada de tamaño olímpico, quemar la tarjeta de crédito en las mejores tiendas y acabar el día en una fiesta en la que sólo hay gente guapa e igual de adinerada.

Pero algo raro le ocurre porque, cuando regresa a su casa y se va a la cama, descubre que está deprimido. Tanto, que es muy probable que cometa alguna estupidez que acabe salpicando las portadas de las revistas.

¿Qué le pasa a esta gente? Ésa es la pregunta que todos nos hacemos. Porque creemos que no es posible que alguien que lo tiene todo se sienta tan vacío, tan desesperado. Pero esto es así en muchos casos.

Narcisismo
Varios estudios han demostrado que el narcisismo es un trastorno mental tradicionalmente vinculado al comportamiento de las celebridades. Sobre todo en las mujeres, que a menudo suelen puntuar más alto en los test que lo miden. Curiosamente, siempre se ha pensado que la personalidad narcisista era un concepto maniqueo: se tenía o no se tenía. Ahora, en cambio, se sabe que existe un Desorden Narcisista de la Personalidad Adquirido.

Esta enfermedad emocional fue catalogada en 2002 por el doctor Robert B. Millman, profesor de psiquiatría de la Cornell Medical School. Pero no debe ser confundido con la personalidad narcisista a secas, ya que entre ellos hay una diferencia muy importante.

El narcisismo –o aires de grandeza desmesurados– es una disfunción orgánica que se manifiesta en la infancia o la adolescencia. Pero la personalidad narcisista adquirida sólo aparece cuando la persona en cuestión ha alcanzado unos niveles estratosféricos de fama y poder.

De acuerdo con Millman, no sólo afecta a los famosos que aparecen en las revistas, sino también a personas con una cuenta bancaria envidiable –sobre todo millonarios y políticos–, que están convencidos de que su poder y su agenda de contactos les hacen inmunes a cualquier cosa.

Los síntomas los vemos a diario en el comportamiento de algunas estrellas: ausencia de empatía, fantasías de grandeza, una excesiva necesidad de aprobación por parte de los demás y un comportamiento auto-destructivo, peligroso o, simplemente, alocado.

El doctor Millman, entre cuyos pacientes se encuentran algunos de estos famosos, asegura que muchos de sus pacientes llegan a su consulta completamente mortificados por su fama. Su estatus puede hacerles sentir desde depresiones a pura paranoia al pensar que la gente de su círculo de amistades les utiliza para cumplir sus sueños de grandeza y riqueza. Como viven inmersos en esa burbuja, rodeados de una idolatración permanente, según Millman no son capaces de entender las consecuencias reales de su comportamiento, y "por eso se meten en problemas", asegura.

"Nosotros pensamos: ¿Son estúpidos? ¿Cómo pueden hacer esto? Yo creo que la respuesta está en que son personas tan centradas en sí mismas que no prestan atención a los riesgos. No se dan cuenta de que hay gente ahí fuera que puede hacerles daño". Así, esta gente comete extravagancias de todo tipo. Como los sonados problemas con la justicia de Britney Spears. O los casos de adicción de Lindsay Lohan y Amy Winehouse. Macaulay Culkin, Michael Jackson, Kurt Cobain, Winona Rider, Heath Ledger... La lista podría ser interminable y conlleva el agravante de que este tipo de conducta se acentúa cuanto más joven es el artista.

Falta de madurez
En ellos existe, además, "un problema de madurez que les impide ser capaces de asimilar los cambios que produce la fama", explica el psicólogo social Guillermo Fonce. Si les asalta cuando su personalidad todavía no está formada, lo normal es que no sean capaces de "relativizar lo que ocurre y seguir con su entorno más cercano, aunque sean famosos y tengan mucho dinero".

Para la psicóloga clínica Elena Borges, el fenómeno también está relacionado con la cultura del éxito inmediato: "Da igual que seas joven o mayor, porque de una mente ociosa no puede salir nada bueno. Esta gente se queda en una vida muy superflua, intensa y corta, y esta postura hedonista no cumple con el amplio espectro que debería tener el ser humano".

A menudo estos chicos "no han subido los escalones psicológicos que tiene que atravesar la persona en las diferentes etapas de su vida", dice Borges. Al saltárselos, su única cura consistiría en "volver atrás y reandar las etapas que se han saltado", explica Fonce. Pero es un camino difícil, que la persona tiene que recorrer de motu proprio y, desde luego, antes de que sus excesos les pasen la última factura.