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ESPECIALES
Lapidar significa matar a pedradas limpias
En Irán siguen matando mujeres por unos cuernitos
Algunas mujeres en occidente, principalmente en las sociedades en donde el machismo está más enraizado, mueren víctima de sus consortes al descubrirlas siéndoles infieles. Todavía hay países que penalizan el adulterio, pero en la mayoría las relaciones extramaritales son pan de cada día; ya no levanta tantas ronchas como antes, ya se ve como parte de la cultura; las mujeres han aprendido de los hombres el placer de ser infieles.
Sin embargo, en otras partes del mundo se condena a muerte a la mujer por unos cuernos. Tal es el caso de Irán en donde la pena de muerte por lapidación sigue vigente pese a que hace unos años se barajó la posibilidad de erradicarla debido al grave problema de imagen que suponía ante Occidente. Los grupos feministas denuncian que en estos momentos seis mujeres permanecen a la espera de morir apedreadas en diferentes cárceles del país. El caso más urgente es el de Ashraf Kolhari, una mujer de 37 años de edad que sigue viva gracias a una suspensión temporal de la pena -fue condenada a muerte por adulterio-, que debía haberse ejecutado hace unos días, según Amnistía Internacional.
Ashraf, madre de cuatro hijos de entre 9 y 19 años, permanece en la prisión de Evin, en Teherán, desde 2001, cuando fue condenada a quince años -fue su segunda condena- por colaborar en la muerte de su marido, del cual había pedido el divorcio en numerosas ocasiones, siempre negado. Su esposo murió tras pelearse con un vecino, Mahmoud Mirzaei, con el que supuestamente Ashraf mantenía una relación sentimental. La Policía acusó a la mujer de «fomentar la agresión». El amante y autor material del asesinato, por su parte, recibió cien latigazos por el adulterio -ya que era soltero- y fue condenado a muerte siguiendo la ley de «ghesas» (castigo equivalente al delito cometido, una especie de ojo por ojo, diente por diente).
Otras dos mujeres en Ahvaz, dos más en Shriraz y una en Urumie permanecen a la espera de que llegue su hora para morir lapidadas. Por el momento la presión internacional y las quejas de algunos parlamentarios están consiguiendo congelar las sentencias, pero nunca revocarlas.
Shadi Sahr es la abogada que defiende de manera voluntaria a Kolhari. En los últimos meses se ha convertido en una gran activista de los derechos de la mujer y empieza a compartir protagonismo con la Nobel Shirin Ebadi en los sectores feministas. «Nuestras leyes permiten que una mujer sea condenada a morir por tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, y eso hay que cambiarlo. Hemos puesto en marcha una campaña en favor de Kolhari y gracias a las cien firmas de mujeres de Irán y a las más de cuatro mil que han llegado «online», el jefe del Poder Judicial, el ayatolá Hashemi Shahroudi, ha decidido poner la pena en suspenso» señala la abogada.
Otro de los puntos oscuros en el caso de Ashraf Kolhari es que los jueces no han esperado a que cumpla los quince años de condena para firmar la sentencia de muerte, tal y como marca la ley. «Apenas han pasado cinco años y ya quieren lapidarla, que esperen a que cumpla su pena íntegra», reclama Sahr, quien tiene la esperanza de que en los próximos diez años se termine con este tipo de condenas.
Para hombres y para mujeres
“El Código Penal iraní es muy específico con respecto al modo de llevar a cabo la ejecución y al tipo de piedras que deben utilizarse. El artículo 102 dispone que, para la lapidación, los hombres tienen que ser enterrados hasta la cintura y, las mujeres, hasta el pecho. El artículo 104 dispone, en relación con la pena por adulterio, que deben utilizarse piedras «no tan grandes como para matar a la persona de uno o dos golpes, ni tan pequeñas como para no poder considerarlas piedras». Los jueces, además, han declarado en numerosas ocasiones que aunque la pena se suspenda, nunca puede conmutarse, ya que la lapidación «es una ley de Dios», y los hombres no pueden cambiar las leyes divinas”.
En 2002, el jefe de Poder Judicial de Irán, Hashemi Shahroudi, declaró de manera personal que no se iba aplicar la lapidación nunca más en el país. Han transcurrido cuatro años y él mismo sigue firmando condenas que luego tiene que poner en suspenso. En estos momentos, seis mujeres esperan en la cárcel una muerte horrible.
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