ESPECIALES

Los medios hispanos

Mucha paja y pocos granos

Quien se detenga a escuchar una emisora en español tiene que llegar a la conclusión de que quienes deciden la programación de esas estaciones tienen muy mal concepto de los oyentes. Solo así se justifica que las principales estaciones radiales dediquen horarios estelares a programas de muy bajo nivel conceptual, a programas que rinden homenaje a la mediocridad y al mal gusto.
Cuando un locutor o un equipo de locutores dedica dos o tres horas a tratar temas faranduleros sin trascendencia, cuando se dedican a pasarse varias horas hablando de los problemas entre reguetoneros, cuando se dedican a pasarse varias horas haciendo comentarios sobre la vida personal de una de las estrellas del momento entonces concluimos que la gente que hace a esos programas líderes en audiencia es muy poco exigente o, en peor de los casos, tarada.
Es indiscutible que hay programas que nada tienen que enseñar, que nada tienen que decir excepto sandeces, y si tienen audiencia es porque a la gente le gusta escuchar sandeces y disparates. Pero aquí entra en juego el concepto en que tiene a los oyentes la gente que produce para esas estaciones. Si les dan porquerías es porque así mismo consideran a los oyentes.
Hay estaciones de radio que respetan a la gente y se esfuerzan por hacer producciones dignas, en donde los oyentes tienen la oportunidad de informarse, de nutrirse y de escuchar música de calidad.
Pero la televisión hispana tampoco se queda atrás en su desprecio por la teleaudiencia. Los programas chatarras abundan a todas horas e incluso tienen horarios de alta audiencia.
Se habla del poco nivel educativo y cultural de los hispanos en Estados Unidos; pero son estos mismos medios los que contribuyen al embrutecimiento, al hundimiento de la gente en el lodo de la ignorancia, dándoles a consumir, sin piedad, toda clase de basura.
La tarea es enorme, el reto es mayúsculo. Los medios de comunicación son un negocio, son empresas que buscan rentabilidad; sin embargo, deberían entender parte de sus responsabilidades, que no solo es hacer dinero, sino educar, informar, formar ciudadanos responsables, libres y comprometidos con los más altos valores humanos.
Estamos convencidos de que la gente también escucharía programas pensados en fomentar esos valores a los que hemos hecho referencia. Pero parece que a los medios les gusta irse por el camino fácil, el camino de la chercha, por el camino de la insustancialidad.
La gente debe abrir sus ojos y cerrar sus oídos a estos programas que nada aportan, que embrutecen. Ya está bueno de que nos traten como estúpidos. La Razón USA